20 feb. 2007

La belleza del caos.

La belleza del Caos. Entrevista a Juan Chow.*

Por: Tatiana Argüello Vargas**

Por encima de cualquier movimiento artístico y literario, en la poesía como en todo arte, la belleza juega un papel crucial convirtiéndose en un punto de equilibrio entre el orden y el caos del universo. Por ello, esa búsqueda de un verdadero equilibrio, un acuerdo entre el contenido y la forma expresado en la belleza poética, debe ser una de las más importantes búsquedas del poeta.

Para Juan Chow (Managua 10 de diciembre de 1956), la búsqueda de la belleza es de vital preocupación, y el sentido dialéctico de la misma supera cualquier movimiento literario. Su poesía posee diversas facetas: su primer libro de poesía “Oficios del Caos” (Editorial Nueva Nicaragua, 1986), reeditado bajo el título “Oficios del Caos y otras versiones” (Editorial Enlace 2005), es una obra impregnada de una notoria influencia surrealista, en ella se hace evidente la metamorfosis y transfiguraciones de las emociones y eventos de lo cotidiano.

Por otro lado, en sus otros poemarios: La Inteligencia del Alacrán y otros boleros (Editorial Enlace, 2001), Retórica del Seductor (Editorial Enlace 2001), El Amor Razonado (Editorial Enlace 2004), utiliza la concisión de palabras bajo su visión de que la belleza es expresar lo esencial con el lenguaje, una breve pero aguda estética con temas medulares del ser humano: el pensamiento, el amor, la soledad y el erotismo.

En la presente entrevista, Juan Chow aborda temas sobre su obra y nos ofrece su visión sobre lo qué es la poesía de calidad y el futuro de la poética nicaragüense.

¿Qué es para usted la poesía?

He oído contestar a algunos que es una necesidad, y a otros, que es un placer; en mí son las dos cosas, escribo por necesidad y placer no me veo haciendo otra cosa.


Su primer libro de poesía “Los oficios del caos”, es una obra con fuerte influencia surrealista, háblenos de lo que significó para usted ese movimiento y sobre esta obra.

Ese libro es para mí como una escuela, en esa época yo tenía entre 17 y 20 años, aquí se hablaba de poesía exteriorista, una poesía que para mí es sospechosa; se pensaba en hablar de lo exterior sin tomar lo interior, una poesía cardenalista, plana, sin metáforas; tuve la suerte de rodearme con escritores que veían la realidad desde el subconsciente, como los niños al soñar, y me di cuenta que sin exteriorismo no hay interiorismo, y sin interiorismo no hay exteriorismo, porque ambos son dialécticas, y el arte es una recreación creativa, pongámosle pleonasmo, una recreación creativa de la realidad, no mecánica como lo quería hacer parecer el exteriorismo, como una fotografía en blanco y negro: sin participación del fotógrafo no hay punto de vista ni pasión.

En su poema “Sinfonía de Horror” usted expresa “cualquiera puede ser poeta en esta esquina”, ¿Cuál es su opinión si esa esquina fuera Nicaragua?

Eso no es sólo en Nicaragua sino en todo el mundo, el título de artista está devaluado, un poeta que no es artista no es poeta. La raíz común del poeta y el artista es la esencia, el elemento catalizador; el artista es algo casi divino. Aquí se llega a pretender que el artista es un mano caída, un borracho, un vago, y algunos les da vergüenza decir que son poetas. Hay un poema de Salomón de la Selva que dice: “todos han dicho lo que eran antes de ser soldados; ¿y yo? ¿Yo qué sería que ya no lo recuerdo? ¿Poeta? ¡No! Decirlo me daría vergüenza.”, No tiene que darnos vergüenza. La lucha de nosotros es para reivindicarnos.
En su libro de crítica, “La paja en el ojo”, hace una crítica muy buena a poetas como Joaquín Pasos, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejía Sánchez, Beltrán Morales, Ana Ilce Gómez, entre otros. ¿Cómo ha influido en su trabajo poético la obra de estos autores?

Estos autores son los que me han gustado, los que me han satisfecho, el único requisito es que me hayan tocado, no me importa lo que digan el fulanito de tal, no me importa, es mi punto de vista.

Algunos dicen que el exteriorismo no deja nada a la imaginación, otros dicen que las tendencias neobarrocas es escribir de una manera muy maquillada, y que el surrealismo puede tender al oscurismo. ¿Qué significa para usted poesía de calidad?

Es una pregunta crucial en el terreno estético porque en poesía no importa si uno es exteriorista, surrealista, internista, siempre y cuando haya belleza y por muy exteriorista, surrealista e internista, la belleza es dialéctica, es interior, es exterior, plano, tergiversación de lo plano, es un órgano, uno logra la belleza por el talento. El pecado de la poesía exteriorista, es que pretendió eliminar lo demás, una poesía sin opinión del artista, una fotografía en blanco y negro, eso no es belleza, y el arte es lo de afuera y de adentro. Tener un arte exteriorista sin interiorismo es imposible; lo mejor de Ernesto Cardenal sí tiene una base exteriorista, pero también tiene un sustento interior, si lees “hora cero”, sientes la emoción, hay emoción y eso es lo que no ven los seguidores de Ernesto Cardenal, siguen a un Cardenal que es teórico.

En sus últimos libros como “La inteligencia del alacrán y otros boleros”, y “El amor razonado”, se observa la brevedad en sus versos, ¿Qué papel juega para usted en su poesía la concisión de las palabras?

La brevedad en este caso es lo compacto, es decir, las cosas con menos número de palabras, entre menos necesitas más belleza se transmite. Tú haces en una página lo que otros hacen en 20, Juan Rulfo logra en 200 páginas con “Pedro Páramo” lo que García Márquez hace en 400 páginas con “Cien años de Soledad”; y este último es muy florido cuando Rulfo hace un mundo más complejo. No hay que decirlo todo, mas todo sugerirlo, como decía Carlos Martínez Rivas. Es la destreza, la precisión, la armonía.

De todos sus trabajos ¿cuál es el más entrañable para usted?

Eso es como preguntarle a alguien a que hijo salvaría en un incendio, es algo que no te podría decir porque en cada uno de ellos he dado lo que puedo.

¿Hay buena madera de poetas en Nicaragua? ¿Quiénes?

En este terreno uno no debe precipitarse y ponerse fatalista, porque los artistas siempre van a existir, no apiñados en el tiempo. Siempre van a surgir buenos artistas en la dialéctica de la estética universal, lo importante es tener la oportunidad. Rubén Darío tuvo la oportunidad de hacer reconocer el idioma español, salvarlo de que fuera una lengua muerta. Después de Rubén Darío, tenemos a Carlos Martínez Rivas, a Ernesto Mejía Sanchez, a Cardenal, por lo cual hay que pensar en una pirámide: Carlos el grande, Mejía Sanchez el admirable y Cardenal el bueno. Se han dado otros poetas buenos, como Beltrán Morales, Ana Ilse Gómez, y después me parece que he leído poemas de Ninfa Farrach, Santiago Molina que me han parecido muy buenos; poetas más jóvenes como Eunice Shade, Víctor Ruiz, he leído otros poemas de otros nombres que todavía no los ubico, no de una gran cantidad, no se dan cien Shakespeares en un siglo, sino 1/2. Si se dan cien ninguno valdría, es como los tomates, en grandes cantidades se regalarían.

¿Qué consejos puede dar a los poetas jóvenes?

Que no sean unos llorones, que no anden buscando culpables de su mediocridad, porque no van a encontrar culpables de sus malos talentos, nadie es responsable del talento de una persona; que se entreguen al trabajo como sí fuera una religión así como se entregó Jesús en su movimiento de rebelión, es como hacer del arte un sacerdocio pagano.

¿Cuál considera usted que es el futuro de la poesía en Nicaragua?

El futuro de la poesía es la belleza, y ese futuro ya lo tiene Nicaragua. Dice Rubén Darío que la primera ley es crear, y la segunda y la tercera y así sucesivamente, la belleza es dialéctica.

*Poeta nicaragüense. Autor de uno de los más hermosos poemarios escrito en Nicaragua “El oficio del Caos”.
**Poeta nicaragüense. Estudiante de Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAN-Managua.

19 feb. 2007

Dos sonetos de Víctor Ruiz

Horas de ocaso


…y luego te deshaces en la ceniza.
Álvaro Urtecho

No pronuncies las sílabas del nombre
cuando al filo en pústula de la noche
el rostro, exánime y solo, del hombre
no delate ni pena ni reproche,

ni impidas el ocaso de sus horas.
Que no humedezca su fin tu mirada,
si ves que ella desnuda lo devora
y lo hunde en lo profundo de la nada.

Callada lo verás en deleznable
materia sin retorno que se vierte
sobre escritura sin fin, inefable

del tiempo, en que es ahora polvo inerte,
olvido en la memoria inextinguible
y ceniza en el seno de la muerte.

Nocturno a la escritura

A Tatiana Argüello.

Ni la noche acechando en la ventana
ni la sombra del sueño en la pupila
que atónita del cuerpo se destila
sobre la blanca superficie vana,

sino la escueta letra desvelada,
lo puro del lenguaje y su estructura
trazando del poema la escritura
allí donde tu voz está callada.

Absorta ante la forma y su sonido
el placer sentirás indescriptible
de la palabra en el párpado herido,

entrando en el vacío transparente,
ajena a la materia inteligible
y a la memoria de tu vida, ausente

Poema de Ernesto Mejía Sánchez, nicaragüense.

LA POESÍA

1
Este desasosiego, esta palabra que desde el corazón
me llega y se detiene en mis labios, no es nuevo en mí,
sino que permanece, vive desde cuando mis padres
en amorosa lucha concretaron la carne de la muerte
para darme al mundo; y me crece como un mar en el pecho,
siempre cambiante, furioso y sin consuelo.

Ha de llegar un día en que tanto afán madure
y se desangre, y esa ignorada palabra detenida
en mis labios rompa el aire como un canto y
me haga feliz y duradero el nombre.

4
Si la azucena es vil en su pureza
y oculta la virtud del asesino,
si el veneno sutil es el camino
para lograr exacta la belleza;

Engaño pues mi amor con la nobleza
y confundo lo ruin con lo divino,
hago de la cordura desatino,
de la sola mentira mi certeza.

Nadie sale triunfante en la batalla,
ni angélica promesa en que me escudo
ni humana condición que me amuralla.

Contra toda verdad he de quererte,
equilibrio infernal. Nací desnudo:
sólo contigo venceré a la muerte.

6 feb. 2007

Poemas de Romel Cruz, Ganador del Interuniversitario de Poesía,2006.

Rommel Cruz (Carazo 1985) Participa en los talleres de poesía impartidos por el poeta y crítico Iván Uriarte, en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Estudiante Ingeniería Civil. Obtuvo el Primer lugar en el concurso Interuniversitario de poesía 2006, convocado por la UNAN-Managua. Por primera vez se publican sus poemas ganadores.


SUEÑO CON MOKUANAS

Enigma espeluznante,
el chilamate y su sigilo,
su tronco, tumulto de sierpes
que se elevan unas sobre otras,
desde la escueta raíz
anclada en barro,
hasta las ramas,
de donde se desgajan
lánguidas barbas oscilantes
escupiendo la hipnosis
de su mecánica minúscula.
Es allí, el siniestro espectáculo de mis versos,
el harem reservado de mi miedo,
allí, abrazadas al pálido diluvio de un plenilunio
cantan a coro un suspenso
mokuanas nudistas.

A flor de chilamate se funde
perpetua oscuridad de sus cabellos;
oleaje profundo
cae sobre sus pieles caoba,
arremolina en su espalda:
flagelazo ingrávido
que se desata
liberando embrujos.
Damas de beldad escalofriante,
su rostro:
es un destello sin destello,
es una duda abriéndose y cerrándose,
un mirar continuo y sin grabación,
una velocidad inefable
que atraviesa burlándome la memoria.


LA PIEDRA EN EL LAGO

La piedra que reza
su obstinado silencio monocorde,
inflexible al colapso de los tiempos,
aplasta su negro reflejo
contra la escondida huella
que ha de morder su peso,
el molde de su inercia en la arena suelta
abierta a su volumen como un parto.

Solidez vigilante
camuflada de algas,
cuánta sangre habrá corrido
sobre este cráneo
antes de rodar hasta su lecho,
cuántos indígenas habrán caído sobre su ojo
vistiéndose con las olas,
cuántas veces Nicarao,
desde aquí, habrá reprochado derrotas
a sus ídolos sordos.

Tanta historia indicha
revuelta en esta piedra
ahora mestiza de química
de nuestros años,
olvidada hasta por el agua gris,
en donde todas las tardes se ahoga su sombra
prensada por el peso de su cuerpo.


APLAUSO CERRADO

Esta noche
es un aplauso en cámara lenta
que cae sobre troposfera liviana
y se queda voraz en todo diablo.

Se acuesta vertical en los caminos
y por su lívida carne ingrávida
se arrastra manada penitente
de ánimas en destello turbio
la eterna muerte
de quienes no supieron
de ángeles e infiernos
y trocaron en nubes carbónicas
hacia una quimiósfera hospitalaria,
la cosquilla incómoda
del dios absurdo
que puso su pulcro trasero sobre kukalcán
y se quedó en el nervio mestizo de nuestras plegarias,
esclavizando tambores y pitos para su deleite,
lamiendo la sangre del indio
por no arrodillarse a la condición hermafrodita
de su hegemonía longeva.

Noche que cae
y yo que me elevo,
me elevo hasta lo profundo
y al subir bajando
barro el ángulo inestable de mis miedos:
veo deidades
cojear entre el polvo irreflexivo
de un asteroide en exilio,
las plumas rotas de Quetszalcoalt
borbotando del tropel de caballos andaluces,
talones ásperos en lava plasmática
bajo un estrato de siglos.
Veo mi tribu
flagelada por un espejo,
llorando su derrota
paralela a la indiferencia
de esta sombra
que es un aplauso cerrado.

COLUMPIO


Al fondo de la pesadilla
entre violácea tersura,
súcubo lánguido
serpeando indisoluble,
me arroja despótico
al insomnio entumido
en sabana embarazada de sudor.

Ir y venir
de gélida crucifixión
en terrífica osamenta de cama férrica
hasta invencible magnetismo
de tórrido tártaro
en sótano sórdido
palpitante de sueño elástico.

Prosa de Juan José Arreola, Mexicano.

EVA

Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos de la mujer, infinitamente violados. Cinco mil años absurdos los separaban. Durante cinco mil años ella había sido inexorablemente vejada, postergada, reducida a la esclavitud. Él trataba de justificarse por medio de una rápida y fragmentaria alabanza personal, dicha con frases entrecortadas y trémulos ademanes.
En vano buscaba él los textos que podían dar apoyo a sus teorías. La biblioteca, especializada en literatura española de los siglos XVI y XVII, era un dilatado arsenal enemigo, que glosaba el concepto del honor y algunas atrocidades de ese mismo jaez.
El joven citaba infatigablemente a J. J. Bachofen, el sabio que todas las mujeres debían leer, porque les ha devuelto la grandeza de su papel en la prehistoria. Si sus libros estuvieran a mano, él habría puesto a la muchacha ante el cuadro de aquella civilización oscura, regida por la mujer, cuando la tierra tenía en todas partes una recóndita humedad de entraña y el hombre trataba de alzarse de ella en palafitos.
Pero a la muchacha todas estas cosas la dejaban fría. Aquel periodo matriarcal, por desgracia no histórico y apenas comprobable, parecía aumentar su resentimiento. Se escapaba siempre de anaquel en anaquel, subía a veces a las escalerillas y abrumaba al joven bajo una lluvia de denuestos. Afortunadamente, en la derrota, algo acudió en auxilio del joven. Se acordó de pronto de Heinz Wólpe. Su voz adquirió citando a este autor un nuevo y poderoso acento.
"En el principio sólo había un sexo, evidentemente femenino, que se reproducía automáticamente. Un ser mediocre comenzó a surgir en forma esporádica, llevando una vida precaria y estéril frente a la maternidad formidable. Sin embargo, poco a poco fue apropiándose ciertos órganos esenciales. Hubo un momento en que se hizo imprescindible. La mujer se dio cuenta, demasiado tarde, de que le faltaban ya la mitad de sus elementos y tuvo necesidad de buscarlos en el hombre, que fue hombre en virtud de esa separación progresista y de ese regreso accidental a su punto de origen."
La tesis de Wólpe sedujo a la muchacha. Miró al joven con ternura. "El hombre es un hijo que se ha portado mal con su madre a través de toda la historia", dijo casi con lágrimas en los ojos.
Lo perdonó a él, perdonando a todos los hombres. Su mirada perdió resplandores, bajó los ojos como una madona. Su boca, endurecida antes por el desprecio, se hizo blanda y dulce como un fruto. Él sentía brotar de sus manos y de sus libios caricias mitológicas. Se acercó a Eva temblando y Eva no huyó.
Y allí en la biblioteca, en aquel escenario complicado y negativo, al pie de los volúmenes de conceptuosa literatura, se inició el episodio milenario, a semejanza de la vida en los palafitos.

5 feb. 2007

Poema de Pedro Salinas, España 1891

Deja ya de mirar...

Deja ya de mirar la arquitectura
que va trazando el fuego del artificio
en los cielos de agosto. Lleva el vicio
en sí de toda humana criatura:

vicio de no durar. Que sólo dura
por un instante el fúlgido edificio
para dejamos ver el beneficio
sagrado de una luz en noche oscura.

Ven... Hay que ir a buscar lo más durable.
Esta noche de estío por ti enciende
sus innúmeras luces en lo alto;

cállate bien y deja que ella hable.
Y del vano cohete sólo aprende
a ir preparando tu divino salto.

2 feb. 2007

Un poema de Severo Sarduy

LA LETRA CON SANGRE ENTRA...

A Arturo Carrera

La letra con sangre entra
como el amor. Mas no dura
en el cuerpo la escritura,
ni con esa herida encuentra
paz el amante. Se adentra
en el cuerpo deseoso
y más aumenta su gozo
con su mal. Alegoría
de nuestra postrimería:
jeroglífico morboso.

El Grafógrafo

El grafógrafo

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

(Salvador Elizondo, El grafógrafo)

Poemas de Victor Ruiz

Epifanía de la carne

No perdura
más que el goce y la textura
de un instante…
Severo Sarduy

Del vértice del lecho lacerado
embiste enmudecida tu figura
con toda su violenta arquitectura
al cuerpo que te aguarda desplegado.

Alzábase diluvio desvelado
del abierto perfil de tu blancura
que los muslos delatan en obscura
noche en la que estamos abrazados.

Enciéndese tu carne en este fuego
que a mi sangre dilata en el hirsuto
ocaso de tu sexo sin sosiego.

Ya se cierne sobre un silencio inerte
la epifánica asunción que un minuto
comunica la vida con la muerte.


La escritura en el cuerpo.

A Severo Sarduy

Inerte, abandonado al instrumento,
entrégase tu cuerpo, sin indicio
de lamento que refleje el inicio
del rito de placer en un momento.

Socava mi lengua en tu suplicio
la pálida mudez de tu tormento
que brota como sangre del aliento
en el que gózase sin fin mi vicio.

Retírase escalpelo de la herida
después de una caricia gemebunda
en que has quedado muda, y moribunda,

en un letargo te hundes sin salida.
Saciada y fría ya tu arquitectura
el otro cava aquí tu sepultura.

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