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Contra la mitificación de los poetas. Tres casos nicaragüenses

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  De los poetas solemos recordar una anécdota, una fotografía o una desgracia antes que las horas pasadas frente a la página. No sé si me equivoco, pero a veces pienso que algunos escriben porque no encuentran otra forma de existencia que la palabra poética. Viven y respiran por ella. Padecen ese germen pulsional cuyo origen desconocemos y que los obliga a permanecer durante horas trazando líneas que acaso lleguen a convertirse en un poema. La mayoría de esos intentos termina en la papelera de reciclaje o permanece olvidada en un cuaderno: versos que una noche parecieron contener una revelación y que, releídos meses después, apenas conservan el rastro de lo que quisimos decir. El poema que llega al lector ha borrado las vacilaciones y las versiones que hicieron posible su existencia. Esos poetas sufren la poesía. No empleo la expresión en el sentido romántico y un poco patético del escritor melancólico que llora al recordar su infancia y encuentra en cada crepúsculo una ocasión p...

Memorias de un buscador de libros II

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  Los libros que no regresan  

La carrocería es el cuerpo. Crónica de un motero tardío

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Memorias de un buscador de libros I

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  Por Víctor Ruiz M.   Bolsas llenas de libros               No recuerdo cuándo empezó mi relación íntima con los libros. Aunque sí guardo algunos retazos, y creo que ahí se encuentran mis primeros escarceos románticos con esos objetos que, con los años, terminaron volviéndose entes incómodos en las casas que habito o he habitado. Libros en mesas, en cajas, en bolsas, debajo de la cama, sobre sillas que ya no sirven para sentarse, en rincones donde nadie los llamó y, sin embargo, se quedaron.           Uno de esos primeros encuentros ocurrió en la biblioteca popular de mi barrio, donde mi hermana mayor trabajaba como voluntaria. Era una biblioteca humilde, pero tenía algo de refugio, quizá porque allí adentro quedaba suspendido el bullicio ensordecedor de los vecinos. Bastaban unos estantes, algunas mesas, el silencio, el olor del papel usado y esa promesa misteriosa de que en algún lomo podía estar esco...