Contra la mitificación de los poetas. Tres casos nicaragüenses
De los poetas solemos recordar una anécdota, una fotografía o una desgracia antes que las horas pasadas frente a la página. No sé si me equivoco, pero a veces pienso que algunos escriben porque no encuentran otra forma de existencia que la palabra poética. Viven y respiran por ella. Padecen ese germen pulsional cuyo origen desconocemos y que los obliga a permanecer durante horas trazando líneas que acaso lleguen a convertirse en un poema. La mayoría de esos intentos termina en la papelera de reciclaje o permanece olvidada en un cuaderno: versos que una noche parecieron contener una revelación y que, releídos meses después, apenas conservan el rastro de lo que quisimos decir. El poema que llega al lector ha borrado las vacilaciones y las versiones que hicieron posible su existencia. Esos poetas sufren la poesía. No empleo la expresión en el sentido romántico y un poco patético del escritor melancólico que llora al recordar su infancia y encuentra en cada crepúsculo una ocasión p...